Imagina a un hincha que decide, por primera vez, hacerse socio del club al que sigue desde niño. Entra en el sitio web, elige un plan, paga la primera mensualidad y, por curiosidad, busca saber en qué posición aparece el club entre los programas de socios-hinchas del país. La respuesta lo sorprende: incluso siendo hincha del equipo con la mayor afición de Brasil, acaba de ingresar en un programa que ocupa apenas posiciones intermedias en el ranking nacional de socios.
Para Mario Augusto de Castro, esta misma sorpresa acompaña a muchas personas que confunden dos cifras que parecen representar lo mismo, pero que miden realidades muy diferentes dentro del fútbol brasileño.
¿Qué mide la encuesta sobre aficiones y qué mide el programa de socios?
La encuesta de opinión que señala al Flamengo como el equipo más popular del país entrevista a cualquier persona que declare ser hincha del club, independientemente de que esté al día con algún pago o no. Mide simpatía e identificación, un vínculo emocional que no exige ningún tipo de contrapartida económica. Es este tipo de estudio el que sitúa al Flamengo por delante de todos los demás equipos brasileños desde hace décadas.
El ranking de socios-hinchas mide algo diferente: cuántas personas pagan una mensualidad para tener acceso a beneficios como prioridad en la compra de entradas, descuentos en productos oficiales y participación en sorteos. Son dos indicadores legítimos, pero responden a preguntas completamente diferentes sobre la relación entre el hincha y el club. Uno mide el corazón de la afición; el otro, el bolsillo de una parte específica de ella.

Mario Augusto de Castro destaca, en este contexto, que ninguna de las dos cifras es incorrecta. El error está en tratarlas como si fueran la misma métrica, algo que ocurre con frecuencia en comparaciones apresuradas entre clubes de fútbol.
¿Por qué la enorme base de aficionados del Flamengo no siempre se convierte en socios de pago?
Con más de 30 millones de hinchas declarados repartidos por todas las regiones del país, el Flamengo cuenta con una base de seguidores mucho mayor de la que cualquier club podría convertir en mensualidades pagadas. Gran parte de esta afición vive lejos de Río de Janeiro, con acceso limitado a entradas y experiencias que suelen motivar la adhesión al programa de socios. Un hincha del interior de Ceará o del Amazonas, por ejemplo, difícilmente siente la misma urgencia de hacerse socio que alguien que vive a pocos kilómetros del Maracaná.
Mario Augusto de Castro observa que los clubes con una afición más concentrada geográficamente, como suele ocurrir en São Paulo, consiguen convertir una proporción mayor de su propia base en socios de pago, precisamente porque sus aficionados están físicamente más cerca del estadio y de la rutina de los partidos. La proximidad física, en estos casos, pesa tanto como la pasión por el escudo a la hora de decidir contratar un plan mensual.
¿Por qué esta cifra no disminuye el peso del club en el fútbol brasileño?
La distancia entre ambos rankings no es una señal de debilidad, sino el reflejo de una afición distribuida de una manera que ningún otro club brasileño replica. Mario Augusto de Castro considera que comparar únicamente el número de socios, sin tener en cuenta esta dispersión geográfica, distorsiona la percepción real del tamaño de la afición rojinegra. Un club cuya afición está concentrada en una sola ciudad parte con una ventaja natural en este tipo de comparación, lo que no dice nada sobre el alcance real de cada marca en el país.
Para el hincha de nuestra historia, comprender esta diferencia cambia la forma de interpretar ambas cifras. Sigue formando parte de la mayor afición de Brasil, aunque esté entre los socios de un programa que, por sí solo, no refleja el tamaño real de esta multitud repartida por todo el país.
