Un estudio de la FIA sobre tendencias de gobernanza corporativa muestra que los consejos de administración brasileños han comenzado a seguir con mayor profundidad temas que, hasta hace poco, difícilmente aparecían en la agenda de las reuniones estratégicas: inteligencia artificial, seguridad digital, sucesión y asignación de capital avanzan de la mano en las discusiones de alto nivel. Victor Maciel, abogado tributarista y fundador de Victor Maciel Advogados, acompaña este tipo de cambios en empresas que buscan apoyo jurídico precisamente cuando decisiones técnicas aisladas ya han generado algún tipo de exposición que la estructura de gobernanza existente no había previsto.
Este movimiento plantea una cuestión que todavía no tiene una respuesta consolidada en la mayoría de las empresas: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de los consejos y de los líderes ejecutivos respecto a la forma en que la inteligencia artificial se incorpora al negocio? A diferencia de otras tecnologías adoptadas en ciclos anteriores, la IA no se limita a automatizar procesos operativos; interviene en decisiones, procesa datos sensibles y pasa a formar parte del riesgo que asume la empresa, un aspecto que este artículo se propone explorar.
La falta de supervisión entre áreas genera brechas en la identificación de riesgos estratégicos
Vitor Maciel, abogado tributarista y fundador de Victor Maciel Advogados, observa que las empresas que atraviesan una etapa de mayor complejidad organizacional suelen enfrentar una dificultad similar cuando un único departamento concentra decisiones que, en la práctica, afectan a toda la operación, sin que exista un proceso formal de supervisión compartida entre los diferentes niveles de gestión.
Este tipo de concentración tiende a generar dos problemas simultáneos. El primero es la falta de una visión amplia sobre riesgos que el área responsable de la tecnología, por sí sola, no tiene la obligación ni la estructura necesaria para identificar, como las implicaciones regulatorias, reputacionales o estratégicas de una decisión técnica. El segundo es la ausencia de una asignación clara de responsabilidades, ya que las decisiones tomadas sin supervisión formal dificultan identificar quién debería haber evaluado un determinado riesgo antes de que se materializara.
La evaluación de riesgos debe ser una prioridad antes de adoptar inteligencia artificial
Ante este escenario, tres frentes han ganado espacio en la agenda de los consejos y líderes que ya consideran la IA como parte de la gobernanza corporativa:
- Supervisión del uso de datos: acompañar cómo la empresa recopila, almacena y utiliza información para alimentar sistemas de inteligencia artificial, garantizando que esta práctica esté alineada con las exigencias regulatorias y los estándares de protección de datos.
- Evaluación de riesgos antes de la adopción: revisar previamente los riesgos operativos, reputacionales y regulatorios de una nueva aplicación de IA, en lugar de tratar esta evaluación como una etapa posterior a su implementación.
- Responsabilidad ejecutiva definida: establecer con claridad quién, dentro de la estructura de gestión, responde por las decisiones relacionadas con la adopción y el monitoreo de sistemas de inteligencia artificial.
Estos tres frentes funcionan de manera interdependiente y no como elementos aislados de una lista de verificación. Una empresa que define claramente la responsabilidad ejecutiva, pero no revisa previamente los riesgos de cada nueva aplicación, sigue dejando brechas relevantes en su propia estructura de supervisión. Del mismo modo, una gobernanza sólida sobre los datos pierde eficacia si no está conectada a un proceso formal de evaluación de riesgos antes de adoptar nuevas herramientas.

La gobernanza como respuesta a la velocidad de la tecnología
La dificultad central que enfrentan muchas empresas consiste en conciliar la velocidad de adopción de la inteligencia artificial con la madurez de gobernanza necesaria para acompañarla. Mientras los equipos técnicos avanzan rápidamente en la experimentación con nuevas herramientas, las estructuras formales de supervisión suelen necesitar más tiempo para adaptarse, creando un intervalo en el que pueden tomarse decisiones relevantes sin el nivel de evaluación que su complejidad exige.
Este intervalo tiende a ampliarse en empresas que han crecido rápidamente o que han comenzado a operar en múltiples áreas de negocio, ya que la velocidad de expansión no siempre está acompañada por el mismo ritmo de maduración de los procesos internos de supervisión. El resultado suele ser un desfase silencioso que solo se hace visible cuando algún incidente expone la ausencia de un proceso formal que debería existir.
Para especialistas en gobernanza corporativa como Victor Maciel, este tipo de desfase tiende a hacerse más evidente precisamente en empresas que han crecido rápidamente o que han comenzado a operar en entornos regulatorios más complejos, situaciones en las que decisiones técnicas aisladas pueden generar consecuencias que superan la capacidad de respuesta de una sola área.
Una responsabilidad que ya no corresponde únicamente al área de tecnología
El avance de la inteligencia artificial en las empresas está redefiniendo los límites entre las decisiones técnicas y las decisiones estratégicas. Esto significa que los consejos y los líderes ejecutivos necesitan desarrollar la capacidad de formular las preguntas adecuadas sobre una tecnología que, en muchos casos, todavía es dominada técnicamente solo por equipos especializados.
Este cambio de postura no exige que los consejeros se conviertan en especialistas técnicos en inteligencia artificial; exige que la supervisión sobre este tema deje de ser una excepción y pase a formar parte, de manera estructurada, de la rutina de decisiones estratégicas de la empresa, con procesos claros y responsabilidades bien definidas entre los diferentes niveles de gestión.
La labor de despachos especializados en gobernanza corporativa, como Victor Maciel Advogados, se ha orientado a apoyar a las empresas en la construcción de este tipo de estructuras, ayudando a las organizaciones a formalizar procesos de supervisión sobre decisiones relacionadas con la inteligencia artificial antes de que la ausencia de esta gobernanza se transforme en un riesgo concreto para el negocio. En este nuevo escenario, decidir cómo se incorpora la tecnología a la empresa ha dejado de ser una cuestión exclusivamente técnica y ha pasado a formar parte, de manera definitiva, de la agenda de la gobernanza corporativa.
