El nutricionista deportivo Lucas Peralles, que trabaja con el Método LP en São Paulo, recibe con frecuencia un perfil de paciente que desafía las explicaciones convencionales sobre la dificultad para perder peso: alguien que duerme bien, no tiene antecedentes de dietas extremas, practica actividad física regularmente, se alimenta de forma razonable y, aun así, no logra reducir su porcentaje de grasa corporal de manera consistente. Este perfil no encaja en el estereotipo de quien tiene problemas para adelgazar, lo que hace que el diagnóstico sea más complejo y la frustración más intensa.
La respuesta casi nunca se encuentra en un único factor. En realidad, está en una combinación de variables que, de forma aislada, parecen insignificantes, pero que juntas crean un entorno metabólico que se resiste a la pérdida de peso de manera silenciosa y persistente. Identificar estas variables requiere una mirada clínica que vaya más allá del plan alimentario y del historial de entrenamiento.
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El problema del déficit calórico que nunca se mantiene
Las personas activas suelen subestimar cuánto comen y sobreestimar cuánto gastan. No por falta de honestidad, sino porque la percepción del consumo alimentario es sistemáticamente imprecisa, especialmente en quienes comen de manera intuitiva y variada. Elementos como las comidas fuera de casa, los pequeños bocadillos que no se consideran en el cálculo mental y las variaciones en el tamaño de las porciones parecen irrelevantes, pero, al sumarse, pueden eliminar por completo el déficit calórico que la persona cree estar manteniendo.
El creador del Método LP, Lucas Peralles, utiliza el seguimiento alimentario temporal no como una herramienta permanente, sino como un diagnóstico inicial para identificar dónde están las diferencias entre lo que el paciente cree que está consumiendo y lo que realmente consume. Esta claridad inicial suele revelar la causa del problema sin necesidad de intervenciones más complejas.

Cuando el estrés crónico de baja intensidad es el obstáculo
El estrés crónico de baja intensidad es uno de los factores más difíciles de identificar porque no parece estrés. La persona no se siente sometida a una presión extrema ni reporta un sufrimiento significativo, pero mantiene un nivel de activación del sistema nervioso simpático que eleva el cortisol de manera persistente y discreta. Sin embargo, este aumento crónico del cortisol favorece la acumulación de grasa abdominal, incrementa el apetito por alimentos más calóricos y reduce la calidad del sueño, incluso cuando la duración del descanso parece adecuada.
Según destaca Lucas Peralles, la nutrición integrativa aplicada en el Método LP considera este contexto como un dato clínico relevante. Esto se debe a que las personas activas que viven a un ritmo acelerado, con agendas cargadas y múltiples responsabilidades, suelen compensar el estrés mediante la actividad física sin abordar la verdadera fuente del problema. En este contexto, el entrenamiento añade más estrés fisiológico a un sistema que ya está sobrecargado, reduciendo la capacidad de recuperación y comprometiendo los resultados esperados.
La adaptación metabólica al ejercicio regular
Las personas que entrenan desde hace años enfrentan un fenómeno conocido como adaptación metabólica al ejercicio: el organismo, al volverse altamente eficiente en ese tipo de actividad, comienza a gastar menos energía para realizarla. El gasto calórico que una sesión de entrenamiento generaba durante el primer año es significativamente menor después de tres o cuatro años de práctica constante. Sin una progresión adecuada de la carga o una variación en los estímulos, el entrenamiento sigue beneficiando la salud cardiovascular, pero contribuye cada vez menos al balance energético.
El nutricionista deportivo Lucas Peralles, gracias a sus años de experiencia y amplio estudio en el área, incorpora esta variable en la evaluación de pacientes activos con dificultades para perder peso, analizando si la progresión del entrenamiento está ocurriendo de manera adecuada y si la estrategia nutricional está ajustada al gasto energético real actual. De esta forma, pequeños ajustes en esta ecuación suelen desbloquear procesos que parecían completamente resistentes y abren el camino hacia una pérdida de peso sostenible que el esfuerzo aislado, sin una estrategia adecuada, nunca logró producir.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez
