Según la psicoanalista Taiza Tosatt Eleoterio, la pregunta «¿por qué es tan difícil alejarse de alguien que hace daño?» se encuentra entre las más frecuentes, y la respuesta rara vez es sencilla. El apego hacia quien causa sufrimiento no es una señal de debilidad ni de falta de criterio, sino el resultado de mecanismos psíquicos complejos que se forman mucho antes de que la persona se dé cuenta de que se encuentra en una relación perjudicial.
Esta comprensión también abre espacio para que la propia persona que vive ese vínculo pueda mirarse con mayor compasión, en lugar de exigirse por algo que, en realidad, tiene raíces mucho más profundas que una simple elección.
¿Qué entiende el psicoanálisis por vínculo de sufrimiento?
Desde la perspectiva psicoanalítica, un vínculo no se sostiene únicamente por el placer o la satisfacción que proporciona, sino también por la intensidad emocional que provoca, incluso cuando esa intensidad surge del sufrimiento. El cerebro, de cierta manera, aprende a asociar a esa persona con momentos de alivio intenso, especialmente cuando estos aparecen inmediatamente después de episodios de tensión. Este aprendizaje ocurre de manera involuntaria, lo que explica por qué los argumentos puramente racionales rara vez son suficientes para deshacer, por sí solos, un vínculo construido de esta forma.
Taiza Tosatt Eleoterio destaca que este mecanismo explica por qué romper un vínculo abusivo suele doler tanto como cualquier otra pérdida significativa, incluso cuando la relación, desde fuera, es claramente reconocida como perjudicial. El cuerpo y la mente reaccionan ante la ausencia del vínculo, y no únicamente ante su calidad.
¿Por qué los buenos momentos parecen borrar los malos?
Uno de los aspectos más desconcertantes de este tipo de apego es la manera en que los buenos momentos parecen tener un peso desproporcionado en la memoria, capaces de suavizar, al menos temporalmente, el recuerdo de los episodios dolorosos vividos dentro de la misma relación. Esta especie de «selectividad emocional» no significa que haya algo malo en la persona, sino que constituye una respuesta común ante vínculos marcados por una alternancia intensa entre afecto y sufrimiento.
Taiza Tosatt Eleoterio señala que esta alternancia entre dolor y alivio fortalece, de manera paradójica, el vínculo con quien causa el sufrimiento, creando un ciclo de violencia difícil de interrumpir sin apoyo externo. Cada reconciliación refuerza la esperanza de que la próxima etapa positiva durará más, lo que retrasa la decisión de terminar definitivamente.
El papel de la infancia en nuestra forma de apegarnos
Los patrones de apego aprendidos durante la infancia, dentro del entorno familiar, influyen directamente en la manera en que una persona se relaciona durante la vida adulta. Quien creció asociando el afecto con la inestabilidad, por ejemplo, puede reconocer ese mismo patrón como algo familiar, incluso cuando en realidad es perjudicial, confundiendo lo conocido con aquello que verdaderamente es saludable.
Taiza Tosatt Eleoterio observa que esta repetición no ocurre por una elección consciente, sino porque el psiquismo tiende a buscar aquello que ya conoce, aunque ese conocimiento se haya formado a partir de un trauma infantil que nunca fue debidamente elaborado.
¿Por qué la autoestima se ve afectada por este tipo de apego?
Permanecer en una relación que causa sufrimiento suele erosionar la autoestima de la persona con el paso del tiempo. Esta puede comenzar a dudar de su propia capacidad de juicio y sentirse, de alguna manera, responsable de mantener ese vínculo funcionando, incluso ante tantas evidencias de que algo no está bien.
Taiza Tosatt Eleoterio señala que esta erosión de la autoestima es, al mismo tiempo, causa y consecuencia del apego: cuanto más vulnerable se siente la persona, más difícil resulta confiar en su propia percepción para tomar la decisión de alejarse.
¿Cómo ayuda el psicoanálisis a comprender y romper este patrón?
La escucha psicoanalítica ofrece un espacio para que la persona pueda observar, sin juicios, el origen de ese apego y la manera en que se manifiesta en su propia historia. Este proceso no busca culpar a quien sufre, sino construir una comprensión más profunda sobre por qué ese vínculo específico ejerce tanta fuerza, aunque la razón, por sí sola, ya reconozca los riesgos que implica permanecer en la relación.
Reconocer el patrón es solo el primer paso; sostener esa decisión ante la tentación de regresar requiere, muchas veces, una red de apoyo comunitario dispuesta a acoger sin reproches, ya que romper este tipo de vínculo rara vez ocurre de una sola vez, sin recaídas o dudas en el camino. Cada intento de alejarse, incluso cuando termina en un retroceso, sigue representando un paso real dentro de este proceso, y no un fracaso que deba ser juzgado con dureza.
¿Qué cambia cuando se comprende este apego?
Entender por qué se formó el apego hacia quien causa sufrimiento no elimina el dolor de romper ese vínculo, pero ofrece un camino más consciente para atravesar este proceso, sin la culpa adicional de «no poder simplemente seguir adelante», como si se tratara únicamente de una cuestión de fuerza de voluntad.
Taiza Tosatt Eleoterio considera que comprender estos mecanismos psíquicos es lo que permite, poco a poco, construir nuevas formas de relacionarse, basadas en la seguridad y la reciprocidad, en lugar de repetir un patrón que, aunque resulte familiar, nunca proporcionó el bienestar que la persona merece.
